Tomar clases de yoga, vivir dentro de una granja orgánica, someterse a una dieta desintoxicante, dormir dentro de una reserva ecológica, realizar terapia de pareja o cursar una introducción al budismo zen. Éstas son algunas de las tantas y heterogéneas actividades que extienden y atraen cada vez más la atención sobre el llamado turismo ecológico, sustentable o de «descanso consciente».
«Conexión» podría tomarse como una palabra clave para definir esta propuesta que crece y se concentra en las regiones de las Sierras de Córdoba, la zona patagónica en torno a San Carlos de Bariloche y la pampa bonaerense, aunque también tiene espacio en Cuyo, la Mesopotamia e, incluso, la Ciudad de Buenos Aires. El enlace se da, justamente, a través de la propuesta de tomar contacto con un nuevo estilo de vida, invocando un despegue de la ciudad, el estrés, las tensiones, los problemas cotidianos e, incluso, la mala alimentación.
El turismo ecológico funciona todo el año y en muchos casos es elegido con una meta terapéutica, pero durante el verano suele abrir sus puertas a una demanda más variada, de familias, jóvenes o parejas de vacaciones que se acercan en busca de nuevas experiencias. Los establecimientos pueden dividirse en tres grandes grupos: los spa o centros de salud, que en muchos casos ofrecen programas educativos, místico-religiosos o terapias; los agroturísticos; y las reservas naturales. En todos los casos se da una puja de identidad, ya que definir «ecoturismo» no es sencillo y, hay que decirlo, no todas las propuestas cumplen con requisitos de sustentabilidad y cuidado del medioambiente.
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Tags: ecoturismo, spa, turismo ecologico

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